viernes, febrero 22, 2002

Hoy es nuestro aniversario.
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He visto a la mujer que amo muy temprano por la mañana, nos dimos un abrazo y un beso cargado de ternura; la he mirado fijamente a los ojos y sin pronunciar palabra alguna le he dicho cuanto la amo, sé que ella interpretó mi mensaje porque me devolvió la misma mirada y el mismo mensaje... sin pronunciar palabra alguna.
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Una tarde cargada de actividades: resolví 11 de 28 ejercicios para 'álgebra lineal', repasé las notas de 'circuitos eléctricos y electrónicos' para mi examen del próximo Lunes, ayudé a un amigo en su práctica para 'sistemas digitales' (en realidad la ayuda fue diminuta) asistí a clase de 'Derechos humanos' y finalmente fui a dónde mi corazón ha decidido mudarse.
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Después de una taza de café 'Folgers' y un par de chistes locales, la plática comienza a fluir entre América, Ana, y la mujer a quien amo; tras la segunda taza de café y el ambiente de un día de fiesta, la conversación parece no tener final, y eso es tan delicioso como lo es un vaso con agua para todo aquel que ha caminado largas horas bajo un sol blanco y voraz.
...ha llegado el momento de regresar a casa, con suerte llegaré a las 11 pm a mi ciudad.
Sin duda alguna, estar al lado de aquella persona a quien amo, hace que las horas se disipen con fragilidad.
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Mientras viajo en el autobús, observo a mi alrededor, la mayoría de los pasajeros van 'durmiendo' o al menos eso parece; observo con atención a una jovencita que con cierta delicadeza y ternura acaricia el cabello de su madre, la señora a quien el tiempo le ha teñido de blanco la cabellera, inclina la cabeza y se deja acariciar.

Estoy seguro que a todos nos gusta sentir que alguien nos quiere.

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