viernes, mayo 31, 2002

Cuentos de humor negro

Bonifacio, hombre de moral laxa y permisiva, fue a una convención a Las Vegas. Ahí trabó amistad con cierta dama, amiga de hacer favores corporales, pues para eso --decía-- nos dió el Señor lo que nos dió, para compartirlo con el prójimo.
A Bonifacio le tocó aquella noche ser el prójimo, y dicha señora le hizo dación cumplida de sus atributos.
Era rijosa la mujer, tenía alborotada la libídine, de manera que en la contienda erótica le dió a Bonifacio unos fuertes chupetones en el cuello que le dejaron marcas indelebles imposibles de ocultar con el cuello de la camisa.
Cuando llego a su casa le dijo a su mujer ..vieras como había zancudos en Las Vegas; mira como me dejaron el cuello.. --responde la señora-- Aquí tambien hubo zancudos, vieras como traigo el busto y las piernas...

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