domingo, octubre 06, 2002

I Ching - El libro de las mutaciones -

Cuando tengo dudas muy grandes, le pregunto a quien sabrá responderme.

Seis tiros, los resultados: 8, 7, 8, 9, 8, 7.

El presente: Wei Chi Wei Chi / Antes de la consumación Wei Chi Este signo señala el tiempo en el cual todavía no se ha consumado la transición del desorden al orden.

   El dictamen:
Las circunstancias son difíciles, la tarea es grande y llena de responsabilidad, se trata nada menos que de conducir al mundo para sacarlo de la confusión, y hacerlo volver al orden. Sin embargo, es una tarea que promete éxito, puesto que hay una meta capaz de reunir las fuerzas divergentes.
Solo que, por el momento, todavía hay que proceder con sigilo y cautela. Es preciso proceder como lo hace un viejo zorro al atravesar el hielo. En la China es proverbial la cautela con la que el zorro camina sobre el hielo. Atentamente ausculta el crujido y elige cuidadosamente los puntos más seguros. Un zorro joven que todavía no conoce esa precaución, arremete con audacia, y entonces puede suceder que caiga al agua cuando ya casi la ha atravesado, y se le moje la cola. En tal caso todo el esfuerzo ha sido en vano.
En forma análoga en tiempos anteriores a la consumación, la reflexión y la cautela constituyen la condición fundamental del éxito.

   9 en el cuarto puesto significa:
Ha llegado el tiempo del combate. La transición deberá llevarse a cabo. Es necesario afirmarse enteramente en el mantenimiento de la decisión; esto traerá ventura.

El futuro: Meng Meng / La necedad juvenil. Meng Este signo nos dice que el agua necesariamente sigue su curso fluyendo; al emerger del manantial, de buenas a primeras no sabe, claro está, hacia donde dirigirse, pero con su constante fluir va rellenando los sitios que le impiden el progreso, y así obtiene el éxito.

   El dictamen:
En la juventud la necedad no es algo malo. A pesar de todo, puede incluso lograrse el éxito. Solo es preciso dar con un maestro experto y enfrentarse con él del modo debido. Para ello hace falta, en primer lugar, que uno mismo advierta su propia inexperiencia. La necesaria disposición receptiva habrá de manifestarse. Así, pues, el maestro debe esperar, tranquilamente hasta que se acuda a él. La comunicacion debe brindarse espontáneamente. Solo así la enseñanza podrá llevarse a cabo a su debido tiempo y del modo que corresponde. La respuesta que da el maestro a las preguntas del discípulo ha de ser clara y concreta. Siendo así, la respuesta deberá aceptarse como solución a la duda, como decisión. Una desconfiaza o irreflexiva insistencia en la pregunta solo sirve para incomodar al maestro y lo mejor que este podrá hacer es pasarla por alto en silencio. Cuando a todo esto se le agrega la perseverancia, se tendrá asegurado el éxito.

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