martes, mayo 06, 2003

Espacio de lectura

He terminado de leer a Don Ignacio Manuel Altamirano en el compendio literario que lleva por título: Varia publicado por CONACULTA. Es un libro que me prestó Judith [una prima de Silvia]. Al regresar el libro, sentí un poco de pena y [suena raro] tristeza al separarme de un libro que me dejó un buen sabor de boca con sus refranes, sus traducciones, con todos los artículos que publicó I.M.A en los diferentes periódicos mexicanos del siglo XIX, mis ojos disfrutaron de sus discursos [el pronunciado el 16 de Septiembre es muy emotivo]. Si un día veo ese libro en venta, lo compraré sin dudarlo!

Ahora comencé a leer un libro que me recomendó Ilian [debería dedicarle todo un post a esta nueva amiga!]. Lleva por título México Bárbaro, su autor es Jhon Kenneth Turner, y hasta donde he leído [página 32 / 233] me muestra la cara de México desconocida, inimaginable, cruel y maldita.

Hoy platicaba con mi niña acerca de este libro y de lo increíble que parece el panorama de 1907, no hace más de 100 años en México existía la esclavitud, el maltrato y crueldad injustificada, enjuagada de golpes con la cuarta remojada, abusos en contra de los trabajadores del campo, la adquisición de deudas que terminaban en esclavitud, la cacería en contra de los Yaquis, el ahorcamiento de hombres, mujeres y niños.
Hay tantas barbaridades cometidas en México al rededor de 1907 que dan coraje y al mismo revuelven el estomago!

... Los trabajadores del campo, hacían círculo alrededor de la sencilla cocina y extendían las manos... --A propósito --dije: volviéndome al administrador de la hacienda que nos servía de guía-- ¿qué es lo que se les da en las otras dos comidas? --el administrador quedó perplejo-- ¿Las otras dos comidas? No hay más comidas. Esta es la única que se les da: dos tortillas, una taza de frijoles cocidos una vez al día, y doce horas de trabajo bajo el sol. Cuando cortan las 2000 hojas de henequén que se les pide al día, se les da algo para que lleven al campo y puedan comerlo cuando quieran, aquí tiene usted. Y cogió de una de las mesas una cosa del tamaño de dos puños y me la dio con aire de triunfo. Tomé en mis manos aquella masa redonda y húmeda, la pellizque, la olí y la probé, resulto ser masa de maíz agria, y cruda. Eso era el premio y la comida que sostenía a los peones durante todo el largo día. Luego nos dirigimos a la habitación principal y única de la hacienda de San Antonio Yaxché, encontramos mas de 300 hamacas casi tocándose unas con otras, el suelo era de tierra y a este recinto se entra tan solo por una puerta, en la que hay un guardia armado....
Jhon Kenneth Turner.

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